Con fecha 6 de octubre de 2253 Ab Urbe Condita, y en nombre de la publicación “El Incorruptible”, con alto Honor declaro:
Considerando que durante toda la convulsa historia del ser humano, la ignorancia, la irracionalidad y el dogmatismo temeroso, involucionado y vilmente instintivo han sido las causas de todo mal hecho al género humano por sus propios representantes; la sociedad y las naciones civilizadas han buscado organizarse y regirse por leyes que amparen a sus hijos desposeídos y canalicen para el bien de la nación misma las potestades de los poderosos. Ninguna manifestación del hombre se ve librada del concurso de las leyes y reglas, cuya observación y obediencia constituye la libertad misma y el estado de perfección social. En el espíritu libre, fraterno y honorable que se pretende rija a esta manifestación intelectual, es necesario dotarla de reglas que moldearán su forma y la reservarán del pillaje del libertinaje, que se podría desear al tener libertad de expresión. Con ese fin, se darán a conocer los principios que harán comprensibles las reglas cuya observancia ha de ser fundamental. No son pues, nuestras creencias, sino nuestras certezas, imposibles de ignorar para quien se esfuerce en este denuedo mancomunado.
I- Los hombres han nacido, y continúan siendo, libres e iguales en cuanto a sus derechos, pero también en sus deberes, que serán ineludibles. El equilibrio que permite el desarrollo, la equidad, la libertad y la justicia, se ve amparado por la Ley, que es la máxima expresión de la racionalidad humana. Al emanar de la máxima facultad humana y ser aplicada con su máximo esfuerzo, el carácter de la Ley no es meramente obligatorio, ni simplemente coercitivo, sino que se vuelve sagrado. Alguna vez los hombres, desamparados, sin desarrollo y de mentes débiles, creyeron en mil dioses, pero al avanzar crearon leyes y sus supersticiones se volvieron innecesarias.
II- Se reconoce a la Razón como la facultad y el empeño más alto y noble del ser humano, aquel que lo salva de todo exceso dañino y de toda carestía deletérea. Todo conocimiento, de toda forma, se alcanza a través de la aplicación de la Razón. Se aplaude el ecumenismo y el pluralismo. No se toma parte en discusiones racistas, ya que se evalúa seriamente las teorías de la evolución humana. Y es esa misma evolución la guarnecida por nuestras acciones y palabras al afirmar que el objetivo del hombre es mejorarse y mejorar a su sociedad y Estado hasta el infinito, en un proceso acelerado y cuyo fin es superarse continuamente en el marco de la virtud, la fortaleza y el saber.
III- El bien común y la gloria de la sociedad, son los aspectos más nobles de la vida gregaria. Pero, el hombre debe tener claros sus principios éticos personales, que forjarán la sociedad en la que ha de vivir. El principio más alto que puede regir a un hombre, es el del Honor, y, respetándolo, todo lo demás que será noble y adecuado, ha de ser respetado. El deshonor es una bajeza propia de irracionales, los irracionales no respetan la Ley, y con ello, además de delinquir atentan contra los estados soberanos y sus sociedades.
IV- Al seguir y reconocer a la Alta Razón, se reconoce el principio de soberanía nacional popular, pero se alaba la cesión legal en casos excepcionales, del poder en un hombre de talento, fuerza, racionalidad y Honor intachables; tan sólo para gloria del Estado y no para fines personales. Se apoya especialmente la democracia censitaria, al considerarla racional y liberada de impulsos más llevados al libertinaje que a la libertad y al civismo. Se desprecia, mediante el uso de la Razón, toda organización monárquica hereditaria, sanguínea y de derecho divino.
V- Se aceptan como altas concepciones las libertades de culto y de asociación. Sin embargo, se recalca que la opción religiosa es personal y no se puede ni debe imponer por modo alguno. Es piadoso y natural creer, pero si la creencia atenta contra la Razón o la Ley, garante de todo bien social, ha de ser enfrentada; asimismo, si en nombre de cruces o medialunas se prohíbe el ejercicio del arte y de la ciencia. Se acepta la creencia en entes superiores como comportamiento humano, pero se niega todo dogma inflexible y toda jerarquía eclesiástica, por ser éstos irracionales, retrógrados, causantes de crímenes, ignorancia e injusticias seculares. Asimismo, no se reconocen los privilegios adquiridos en épocas de oscuridad e ignorancia, por lo cual no se reconoce ninguna nobleza, que atente contra la igualdad inmanente al hombre. La libertad de asociación es indiscutible, pero si atenta contra la Ley, ha de ser enfrentada mediante los recursos pertinentes.
VI- Se reconoce como sagrada la propiedad privada, pero se hará observancia al mérito y legalidad con los que fue adquirida. El hombre sólo debe tener lo que puede y se merece, y al barrer con antiguas heredades provenientes de eras vetustas de sangre, cruces y fuego, se reconoce el Imperio del mérito. Los hombres son iguales ante la Ley, pero ante ella y otros hombres, sólo se diferenciarán por sus talentos, palabras y hechos.
VII- Se acepta firmemente la separación de poderes del Estado y se condena todo gobierno teocrático u organización militar o paramilitar del mismo tipo. Se condena la lucha subversiva y el terrorismo, y se acepta como noble el Honor en los campos de batalla entre soldados profesionales y ejércitos regulares sin perjuicio de la población civil. Se acepta la guerra como medio, nunca como fin. Siempre será la última opción, pero en la cual el Estado base su poderío.
VIII- Se condena la censura de ideas, creencias y de acciones individuales; pero, en cambio, la influencia de esas ideas, creencias y acciones en otros y aplicadas directamente sobre otros componentes de la sociedad, serán condenadas si rompen con la Ley, y por ello, con la Razón, principio ineludible e inviolable, regente del hombre y del Estado.
IX- Se toman como las más altas expresiones del hombre: la Ley, el arte, la ciencia, la literatura, la vida marcial y el deporte. Siempre y cuando contribuyan a la exaltación del espíritu y cuerpo humanos y no a su degradación. Se adhiere fervientemente al espíritu ecuménico y olímpico, de desarrollo humano, Honor, lealtad e igualdad. Es deber del hombre buscar su desarrollo, llevándolo siempre hasta su meta infinita.
X- La vida del hombre está marcada por sus deberes y derechos, que son su amparo. Con ellos puede alcanzar posiciones y honores, a quienes todos deberán tener acceso en el estado social del Imperio del mérito, idea directamente emanada de la más sublime Razón. El Imperio del mérito, la libertad, la racionalidad, la Patria soberana y la sociabilidad, asegurarán mil placeres al hombre, pero hemos de recalcar que el estado perfecto del hombre como tal y como miembro de la sociedad, se alcanzará cuando éste sea capaz de cumplir primero su deber, sin importarle la búsqueda de los placeres, los cuales, de ser obtenidos, lo serán únicamente mediante el respeto a sí mismo, a su Honor sagrado, y a la Ley inviolable. Ningún placer se tiene en mayor estima que el cumplimiento del deber.
En consideración a lo anteriormente expuesto, al espíritu mismo de esta manifestación, se dan a conocer las reglas administrativas que regirán la publicación:
I- Todo artículo ha de ser de libre expresión, a no ser que viole alguna disposición. Deberá ser escrito en Castellano o Latín. Todo otro idioma sólo será posible de usar en citas textuales.
II- No se podrá manifestar ni promover ninguna militancia política, ni fomentar o defender dogma religioso alguno.
III- No se admitirá lenguaje soez. Por ningún motivo, a no ser que sea en citas y justificado intelectual y racionalmente.
IV- Todo ciudadano tiene derecho a divulgar sus escritos en este espacio, sin requisito alguno. El objetivo es lograr ecumenicidad tal como la idearon los nobles estoicos.
V- Todo autor podrá publicar bajo un pseudónimo. Se le recomienda por seguridad, pero se le disuadirá por Honor.
VI- Todo artículo pasará por manos del director. Este no podrá modificarlo a no ser que corrija faltas a las reglas ortográficas o gramáticas.
VII- De violar alguna regla, el artículo simplemente no será publicado y se le recomendará al autor arreglarlo. Con las modificaciones será publicado. Consideramos esto mucho más honorable que mutilar el artículo.
VIII- Los artículos deben tratar sobre temas trascendentes y contingentes. Sólo se aceptarán ensayos, y se recomienda una longitud moderada.
IX- Todo artículo será publicado solamente por el director, señalando evidentemente la autoría del respectivo escritor.
X- Previa publicación, el autor deberá mantener contacto con el director para enterarse directa y velozmente del espíritu de la publicación y sus parámetros. Se publicará un breve perfil del autor.
Será fundamental el cumplimiento de las reglas, para cumplir los objetivos de alcanzar racionalidad y conocimiento en la sociedad, justicia y equidad en el Estado, fortaleza y vigor dentro del alma, civilidad y elegancia en la forma y la prosa. Se tendrá como valioso y honorable a quien las cumpla con agrado.
Declárase fundado “El Incorruptible”.
Que la Razón nos guíe e ilumine nuestras plumas. Sic lux lucernat.
Andrés Marchant Mena, Director